Cómo atravesar el valle de sombras
Leer | Génesis 37:18-28
A la edad de 17 años, José lo había perdido casi todo de repente: su familia, su posición como hijo predilecto, su hogar y su libertad. Qué aturdido debió de haberse sentido por el odio de sus hermanos y por todo lo que había perdido. Pero conservó una cosa: su fe en Dios.
A veces, la vida es así con todos nosotros. Los cambios súbitos en la salud o las finanzas, la muerte inesperada de un ser amado, o el abandono de un buen amigo, pueden ser un tiempo de oscuridad en nuestra vida. No entendemos por qué Dios permite la prueba o por qué deja que el dolor continúe. José probablemente se preguntaba las mismas cosas, pero logró aferrarse a su fe. Experimentó la bendición de la presencia de Dios, aun siendo un esclavo en una tierra extranjera. Y se ganó la buena voluntad de su amo cuando éste reconoció que Dios estaba con el joven cautivo (Gn. 39: 2, 3).
Uno de los secretos para atravesar el valle de sombras, esos momentos cuando la vida se desmorona y el futuro se ve gris, es aceptar la realidad de la presencia de Dios con nosotros. En el momento de la salvación, el Espíritu Santo viene a vivir de manera permanente con el nuevo creyente, y lo sella para pertenecer a Dios para siempre. Gracias a Él, nunca estamos separados del Señor. Ninguna circunstancia, sufrimiento o pérdida puede separarnos de Él o de Su amor (Ro. 8:35, 38, 39).
Aparte unos minutos cada día para pensar en la promesa de Jesús de estar con nosotros siempre (Mt. 28:20). El resultado será que esta verdad se arraigará en lo más profundo de su alma para sostenerle en los tiempos de dificultades.
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