EL PRINCIPIO DE LA INVERSIÓN

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La adoración no está completa a menos que demos algo. Cuando los magos fueron a adorar al bebé Jesús, le llevaron preciosos regalos.

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida, os volverán a medir” (Lucas 6:38). Este es el principio de la inversión. 

DOMINE EL SIGNIFICADO DE LA INVERSIÓN. 

  1. El principio de la inversión dice que si usted invierte o da algo lo recibirá multiplicado, y las Escrituras repiten este principio una y otra vez.

a)      “Lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7). ¿Qué es lo que usted desea? Siémbrelo, invierta en ello, ¿Quiere tener amigos? Invierta en la amistad, ¿Quiere amor? Invierta amor, ¿Quiere respeto? Invierta respetando a otros. El dictador político y el autócrata de la corrupción tropiezan porque siembran temor y, por tanto, siegan temor. Sus seguidores pueden adularlos, pero llegará un momento en que se rebelen.

b)      “Cómo queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lucas 6:31). Esto es lo que algunos han llamado “la regla de oro”, pero por mucho que las personas alaben este concepto, pocas viven conforme a él.

c)      “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará” (2ª. Corintios 9:6). No se trata sencillamente de recuperar lo que invertimos, sino además de recibir conforme a cuánto hayamos invertido. Si invertimos poco, lo que recibiremos a cambio también será poco, pero si invertimos mucho, entonces “segaremos con abundancia”.

  1. Por lo tanto, la motivación para dar (o invertir) es el propio interés, un motivo no solamente alabado por Jesús, sino que es el único que utilizó en las Escrituras.
  2. Con demasiada frecuencia el dar que se considera como que reduce el valor neto de la persona es el que esta motivado:

a)      Por la caridad mal intencionada.

b)      Por el sentimiento.

c)      Por la presión que ejercen otros.

d)     Por ganarse el reconocimiento.

e)      E incluso por un sentimiento de culpabilidad.

Tales motivaciones nunca sustentan una filantropía significativa.

  1. Como líder, usted tiene que entender y practicar el principio de la inversión. Si su liderazgo está motivado por el amor, lealtad y devoción de las personas que lidera. Si reconocen que usted esta invirtiendo su propia vida para el bien de ellos, se sentirán mas inclinados a seguir su liderazgo, pero si el grupo tiene la impresión de que lo que usted pretende es su propio engrandecimiento, perderá la influencia que disfruta en la actualidad para mover a las personas del grupo hacia metas de beneficio permanente que satisfacen sus verdaderas necesidades. Pondrán en duda la validez de las metas que usted ha fijado y dudarán de sus motivaciones.
  2. Pero más que entender lo que es la inversión y ponerla usted mismo en práctica, debe inculcarlo en las personas de su grupo. Como resultado de su ejemplo, de su enseñanza y de la experiencia vicaria de ver lo que recoge conforme a lo que usted ha sembrado, las personas de su grupo llegarán al punto en que vivirán tambien conforme al principio de la inversión.
  3. Para dominar el significado de la inversión, hay que comprender que es importante tener un espíritu dadivoso, de desear ayudar a los demás. Esto hace que la práctica del principio de la inversión se convierta en un hábito que se practica con naturalidad, pero el mundo está compuesto de dos clases de personas; los inversionistas y los que toman. Por su naturaleza, los que invierten practican el principio de la inversión; los que toman, son los que no consideran el dar como una inversión, de manera que acaparan todo lo que tienen. A la postre, los que invierten son los que ganan y los que toman todo son los que pierden.

Jesús fue el hombre perfecto, el único hombre perfecto que jamás haya existido. Dar sin reservas y con generosidad caracterizó cada momento de su vida aquí en la tierra. Y los que son líderes eficaces reflejan esta pasión por dar en lugar de tomar. 

DISTINGA LA MOTIVACIÓN

ADECUADA PARA INVERTIR. 

            Si el líder quiere crear gozo para los que integran su grupo, puede conseguirlo motivándolos a que hagan del principio de inversión la ley de sus vidas, pero para hacerlo, tiene que entender la motivación correcta para invertir. El líder sabe que su grupo actuará cuando tenga una razón para hacerlo. Para motivar a las personas a fin de que disfruten de una vida más amplia que es el resultado de invertir, debe presentar un motivo suficientemente poderoso. 

1.      Caridad, sentimientos, presión de sus amigos, reconocimiento y culpa no son motivos adecuados para dar. Pueden funcionar a veces, pero no son motivadores en sí mismos. El deber es un motivo legítimo, pero normalmente fracasa porque la mayoría de las personas carecen del carácter para responder. No se puede poner mayor motivación que la del amor. Sin embargo, el líder sabio sabe que si bien él debe guiar por amor, para muchos en su grupo el amor es fluctuante, y tiende a subir y bajar con espasmos de altruismo. Si estuviésemos ya en el cielo, sin duda el amor sería el mejor motivo para presentar. Pero somos aún pecadores.

2.      El único motivo que Jesús utilizó es el motivo del interés propio. Invertir es el camino definitivo hacia la ganancia permanente. Cada mandamiento y promesa que hizo Jesús se basaba en la suposición del interés propio.

3.      El principio de la inversión es tan poderoso debido a que lleva en sí mismo la motivación del interés propio legítimo: “Dad, y se os dará” (Lucas 6:38). Todo el mundo gana.

4.      Algunos pueden protestar que no es justo dar a fin de recibir. Por lo general les digo a estas personas que discutan con Jesús, no conmigo, porque fue Jesús el que dijo: “Dad, y se os dará” (Lucas 6:38). Si usted es creyente, ¿por qué le entregó su vida a Cristo? La mayoría de las personas responderán que deseaban salvación, perdón y paz. El interés propio es un motivo legítimo, uno al que el propio Jesús apeló.

5.      No poner la confianza en el interés como un ídolo, pero si en la ley de la cosecha. Lo que el hombre sembrare, eso segará. 

ADVERTENCIAS ACERCA DE

LA ANSIEDAD Y DE LA CODICIA. 

  1. El principio de la inversión es como todos los dones de Dios, el don es bueno, pero si el principio de inversión se utiliza con el propósito de conseguir algo que se ha convertido en un dios o en algo que es malo, estamos haciendo mal uso de los beneficios del principio. Debemos utilizar el principio de inversión para adquirir dinero, pero es necesario mencionar aquí las advertencias de Jesús en contra de la ansiedad y la codicia.
  2. Jesús advirtió en contra de los peligros que surgen de estas dos ideas sobre las cosas materiales, el dinero y el principio de inversión. Nos advirtió en contra de la ansiedad y la codicia, la preocupación de que no tengamos suficiente para hacer frente a las necesidades básicas de la vida y el deseo de poseer más y más. Estos dos peligros minarán la disciplina que necesitamos para emplear el principio de inversión.
  3. El cristiano debe buscar “primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). El líder que está siempre preocupado o que se deja llevar por la codicia acaba por destruirse a sí mismo.
  4. Los líderes religiosos a menudo enfatizan la necesidad de más oración si es que Dios va a enviar un avivamiento mundial, pero hasta que estos líderes sean honestos con Dios en la cuestión del dinero, la oración continuará siendo un ejercicio de hipocresía y futilidad. El espíritu de preocupación o codicia es una burla a la oración. La actitud que Dios quiere que tengamos hacia las cosas materiales es que vivamos de acuerdo con el principio de la inversión. Así, también, los que profesan un gran interés en la salvación de los millones de necesitados del mundo y que oran para que se salven, mientras que no le entregan a Dios el dinero para poder llevar las Buenas Nuevas, sólo pronuncian palabras huecas. 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS DE LA INVERSIÓN. 

  1. Uno de cada seis versículos de los Evangelios tiene que ver con el buen o mal uso de las posesiones materiales. Dieciséis de las treinta y ocho parábolas de Jesús se relacionan con el buen o mal uso de las posesiones materiales.
  2. El principio de la inversión trata uno de los temas más espinosos e importantes en la iglesia cristiana. La actitud que adopte el líder hacia el dinero y las posesiones materiales afectará, en parte, la eficacia de su liderazgo. Por lo tanto, permítame ofrecerle diez mandamientos para la inversión. Le ayudarán a comprender y dominar este importante principio. 

PRIMER MANDAMIENTO:

Reconozco que Dios es el Proveedor. 

            En Génesis 22, Abraham habla acerca de Dios como Jehová-jireh, que significa “el Señor proveerá”. Dios le había dicho a Abraham que ofreciese a su único hijo Isaac como ofrenda de holocausto sobre el monte, en la tierra de Moriah. Es evidente que Abraham no le contó a Isaac lo que Dios le había dicho, porque al llegar a la montaña, Isaac dijo: “He aquí el fuego y la leña; más, ¿dónde está el cordero para el holocausto?”

            Puede imaginarse el desasosiego emocional por el que pasaba Abraham. Pero estaba dispuesto a obedecer a Dios a cualquier precio. Hasta ató a Isaac sobre el altar y “cogió el cuchillo para degollar a su hijo”, pero al mismo tiempo, Abraham tuvo una tremenda fe en Dios, porque cuando él e Isaac dejaron al criado al pie del monte, Abraham le había dicho al siervo que “ambos vendremos hacia ti”. Fue en medio de esta experiencia y en respuesta a la pregunta de Isaac que Abraham dijo: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío”. Jehová-jireh.

            Dios provee todos los recursos necesarios para llevar a cabo su voluntad. Podemos confiar en eso. Para los que tienen el don de la generosidad, esos recursos pueden ser una abundancia de bienes de este mundo. 

SEGUNDO MANDAMIENTO:

Mantenga su mente en las cosas que quiere

y lejos de las que no quiere, siempre y cuando

sean compatibles con la voluntad de Dios. 

  1. Después de contar su desgracia y mala fortuna, Job dijo:

Porque el temor que me espantaba me ha venido,

Y me ha acontecido lo que yo temía (Job 3:25).

Job temía lo peor y eso le sucedió.

Nuestros pensamientos negativos y temores llegan a convertirse en profecías que se hacen realidad. 

  1. Usted echará a perder el potencial de su liderazgo si se concentra en las cosas que no desea. Y esa atención negativa va en contra del principio de inversión.
  2. El líder que actúa basándose en el principio de la inversión tiende a ser positivo y optimista. Esto le da poder personal e influencia.
  3. Creer que hay magia en las palabras es un gran error, pero si debemos ser optimistas, y sobre todo cuando incluimos a Dios. “Todo lo puedo en Cristo”. 

TERCER MANDAMIENTO:

Invierta en lo que quiere. 

  1. Las personas normalmente se quedan paralizadas al llegar a este punto. Algunos dicen: “Cuando Jesús dice: ‘Dad y se os dará’ quiere decir que cuando damos nuestro dinero a Dios, él nos dará a cambio paz y gozo… bendiciones espirituales. No quiere decir que nos van a devolver dinero. Esa interpretación es una interpretación fatua. ¿Por qué el dinero es diferente al algodón o la amistad?

Jesús promete que si damos dinero, obtendremos más dinero del que hemos dado.

  1. Muchos no predican pero sostienen y Dios los bendice. Dad y se os dará. 

CUARTO MANDAMIENTO:

Invierta por adelantado. 

            Recuerde usted la historia de la viuda de Sarepta. Ella dijo que solamente le quedaba el aceite  y la harina necesarios para preparar comida para ella y su hijo. Ellos iban a comer y después morir. Elías le dijo: “No tengas temor; ve, haz como haz dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y tu hijo” (1ª. De Reyes 17:13). Digamos, para su mérito eterno, que ella transgredió la sabiduría del mundo y lo que podría parecer un razonamiento inteligente y le hizo al profeta de Dios la primera torta. “Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa muchos días. La harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías” (17:15, 16). La viuda invirtió por adelantado.

            No se engañe a sí mismo diciendo: “Cuando cambie mi suerte daré mucho dinero a la obra del Señor para ayudar a los necesitados”. Comience donde está con lo que tenga. 

QUINTO MANDAMIENTO:

Sea paciente. 

            Cuando el granjero siembra, no espera recoger la cosecha el día siguiente. Toma meses. Usted debe tener paciencia. Va a llevar un tiempo. Puede tener muchos problemas antes de la cosecha.

            ¿Puede imaginarse un granjero que siembra un día y al día siguiente comienza a cavar la tierra para ver como germina la semilla? Relájese, quédese tranquilo. Ejercite su fe y crea en Dios. Esa actitud de paciencia es la que con frecuencia distingue al líder. 

SEXTO MANDAMIENTO:

No se desanime si la cosecha falla ocasionalmente. 

            ¿Acaso porque la helada echa a perder una cosecha de duraznos el granjero deja de cultivar duraznos? No, él sabe que prosperará si obedece las leyes de crecimiento de los duraznos.

            ¿El que un amigo lo haya traicionado, significa que nunca pueda confiar en nadie? Usted puede decir: “Invertí amor y fui traicionado. Invertí amistad y fui insultado. Invertí dinero y he sufrido un desastre financiero”. Sí, puede que de vez en cuando le falle la cosecha, pero la ley de plantar y cosechar es tan invariable como la verdad de Dios. Si usted observa esto, a la larga inevitablemente prosperará. 

SEPTIMO MANDAMIENTO:

Ponga su dinero donde quiera que esté su corazón. 

            A veces he oído decir: “Si las personas se reconcilian con Dios, van a dar. Por lo tanto edifique en ellos la fe”. Pero la mejor manera de comenzar a cimentar la fe de una persona es a través de la motivación del interés propio. Si una persona invierte dinero en una obra determinada, se involucrará en ella a través del interés propio.

            Charles W. Shepard, un corredor de bolsa de Gadsden, Alabama, que invertía en algodón, se interesó en la obra del Instituto Haggai. Dio de su dinero e inspiró a otros a que hicieran lo mismo. En un año, consiguió donaciones que alcanzaron los 30,000 dólares. Dijo a sus amigos: “Ayudemos a Jhon Haggai. El está fortaleciendo la base moral de los Estados Unidos”.

            En 1968, él y su bella esposa, Kathleen, me acompañaron a Indonesia para una importante misión evangelizadora. El se dedicó a repartir tratados con mucho entusiasmo y fue de gran ayuda en ganar almas de todas las edades para Cristo.

            Dos años después se estaba muriendo de cáncer. Mi padre y yo lo visitamos en el hospital y le pregunté al señor Shepard cuándo había recibido a Cristo como su Salvador. Me dijo: “No sé exactamente cuándo lo hice. Pero, ¿recuerda usted la primera cantidad grande de dinero que doné al Instituto Haggai? Bueno, le seguí la pista a ese dinero para ver a dónde iba a parar y de golpe me encontré con Jesucristo. No sé exactamente el día, pero sé que es mi Salvador y yo confío en él”.

            Ponga su dinero donde desea que esté su corazón. 

OCTAVO MANDAMIENTO:

Regocíjese. 

            Regocíjese, incluso, cuando las cosas no le estén yendo bien. Usted no puede pensar con claridad cuando tiene el entrecejo fruncido y está preocupado. No se angustie por causa de los que obran iniquidades ni por las situaciones malas. 

NOVENO MANDAMIENTO.

Espere resultados. 

            El granjero espera obtener resultados. Puede que no vea evidencias de esto en varias semanas, pero espera los resultados. El líder que busca ser semejante a Cristo, que vive conforme al principio de la inversión, también debe esperar los resultados. Debe esperar que si invierte en animar a otra persona verá en ella un mejor desempeño. Debe esperar que cuando se esfuerza por ser amable y amigable con las personas, hará muchos amigos. Y cuando invierta su dinero en la obra de Dios, debe esperar que Dios le pague. Nunca dude de que él lo hará.

            La Biblia dice: “Abraham creyó en Dios”. Todos los cristianos creen en Dios, pero parece que pocos creen a Dios. Yo le estoy pidiendo que crea a Dios en el área financiera de su vida. Crea a Dios y espere resultados.

            Este hábito añadirá una dimensión impresionante a su liderazgo. Usted dará siempre la impresión de dominar la situación: concentrado, lleno de energía, en control de usted mismo. Esto inspira con confianza y lealtad. 

DECIMO MANDAMIENTO:

Déle la gloria a Dios. 

  1. Es muy difícil pensar que usted es especial cuando sus inversiones rinden. Puede haber trabajado duro, planeando bien, puede haberse sacrificado, pero es Dios quien proveyó la recompensa. Cuando Pablo hablaba acerca de las divisiones en las iglesias, dio el crédito al éxito de la iglesia, no a una facción ni a la otra, sino a Dios: “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento” (1ª. Corintios 3:7), Pablo dijo además: “Más el que se gloría, gloríese en el Señor” (2ª. Corintios 10:17).
  2. Regocíjese en las provisiones de Dios y viva conforme a sus promesas. Aprovéchese del principio de la inversión, pero asegúrese de darle la gloria a Dios ya que él es el Proveedor.
  3. Cuando usted vive para impresionar a otros con su importancia, utilizando el liderazgo principalmente para obtener ganancia, honor, poder o placer, acabará usted como César, Carlomagno y Napoleón; pero cuando su vida y su liderazgo encarnen el principio de la inversión, dejará una marca de beneficio permanente. “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas éstas cosas os serán añadidas”.

 

R E S U M E N:

 

  1. Como líder, usted tiene que comprender y practicar el principio de la inversión. Además usted debe inculcar el hábito de dar en las personas de su grupo.

Hay dos clases de personas en el mundo. Las que invierten y las que reciben. Los inversores (o dadores) practican el principio de la inversión por naturaleza; los receptores son aquellos que no ven que el dar sea una inversión y por lo tanto tratan de acaparar para si todo lo que pueden. Al final, los inversionistas ganan porque reciben multiplicado lo que han invertido. Los que sólo reciben al final pierden porque pierden disposición, amigos, salud y respeto.

Como todos los dones de Dios, el principio de la inversión es bueno, pero puede ser usado para fines buenos o malos. Por eso, Jesús nos advierte en contra de dos extremos en nuestras actitudes hacia el dinero.

  1. Reconozca:

1)          Reconozca que Dios es el proveedor.

2)          Mantenga su mente en las cosas que quiere y lejos de las que no quiere, siempre y cuando esto sea compatible con la voluntad de Dios.

3)          Invierta en lo que quiere.

4)          Invierta por adelantado.

5)          Sea paciente.

6)          No se desanime si la cosecha falla ocasionalmente.

7)          Ponga su dinero donde quiera que esté su corazón.

8)          Regocíjese.

9)          Espere resultados.

10)      Dé la gloria a Dios.

 

El principio de la inversión se resume en las palabras de Cristo: “Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con medís, os volverán a medir” (Lucas 6:38).

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