Ser maestro

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LA DIFERENCIA DE SER MAESTRO.

Lactancio explicó la diferencia entre los maestros cristianos y los paganos así:
“Hablando de aquel que enseña los fundamentos de la vida y amolda la vida de otros, hago la pregunta: ¿No es necesario que el mismo viva de acuerdo con los fundamentos que enseña?
Si no vive de acuerdo con lo que enseña, su enseñanza resulta nula… Su alumno le contestará así:
No puedo hacer lo que usted me enseña, porque es imposible. Me enseña a no enojarme, me enseña a no codiciar, me enseña a no lujuriar, me enseña a no tener el sufrimiento y la muerte. Pero todo esto es muy contrario a la naturaleza. Todos los hombres sienten estos deseos, si usted está convencido de que es posible vivir contrario a los deseos naturales, primero permítame ver su ejemplo para que yo sepa que en verdad es posible… ¿Cómo podrá el maestro quitar este pretexto de los obstinados a no ser con su ejemplo? Sólo así podrán sus alumnos ver con sus propios ojos que lo que enseña es en verdad posible.

Es por eso mismo que nadie vive de acuerdo con las enseñanzas de los filósofos. Los hombres prefieren el ejemplo a solo palabras, porque fácil es hablar, pero difícil actuar.


“AL MAESTRO SE LE EXIGE PREPARACIÓN”
En la buena enseñanza es más que uno que “PRESENTA” la verdad, el maestro se preocupa por hacer todo lo que este en su mano para desarrollar las vidas de sus alumnos a una semejanza de Cristo –y todo por medio del Espíritu Santo.
“La finalidad de nuestra enseñanza es que algo suceda en la vida de nuestro alumno”. Únicamente el maestro que esté bien preparado puede cumplir eficientemente con su tarea, al mismo tiempo que se confía en el Espíritu Santo para que obre a través de Él en las vidas de los educandos.
Creemos e insistimos en la necesidad de maestros llenos del Espíritu Santo, pero ¿podemos esperar que el Espíritu Santo haga honor a una innecesaria e injustificada ignorancia? Como maestros solo somos instrumentos que el espíritu ha de hacer vibrar; pero seguramente que hay diferencia entre un instrumento (musical) afinado en tono y otro que no lo esté… Si nuestros maestros han de ser instrumentos afinados para ser usados por Dios, ¿No deberán estar preparados? Sí, queremos maestros que estén llenos del espíritu; pero hay que advertir que no honramos al Espíritu Santo con nuestra ignorancia o nuestra indolencia.


LA NATURALEZA DEL DON DE ENSEÑAR.
El don de enseñar es de primordial importancia en el ministerio de la Educación Cristiana en la iglesia local.
Es uno de los dones principales, pues se le menciona específicamente en cada una de las tres enumeraciones de dones en el Nuevo Testamento (Romanos 12:7; 1ª. Corintios 12:28; Efesios 4:11) su importancia también queda realzada por el hecho de que es frecuentemente mencionado junto con el don apostólico de profecía (Hechos 13:1; Romanos 12:6-7; 1ª. Corintios 12:28; Efesios 4:11).
Íntimamente asociada a la predicación también estaba la enseñanza (Hechos 5:42; 1ª. Timoteo 1:11) y también está ligada al don de pastorear. En Efesios 4:11 las palabras griegas para pastores y maestros están enlazadas íntimamente. También obsérvese en dicho versículo como la palabra que se traduce “OTROS” y que aparece antes de “Pastores”, se omite antes de “Maestros”, esto implica que no se puede ser un verdadero pastor sin ser también un maestro.
Una forma en que un pastor cuida a su rebaño es enseñándolo. El pastor maestro se puede comparar con el sacerdote que enseña del Antiguo Testamento (2ª. Crónicas 15:3).

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